A medida que vamos creciendo cada vez son más y más importantes las decisiones que tenemos que tomar.
Lo cuál para mi siempre fue un problema porque si hay algo que soy es extremadamente indecisa.
Siempre fue muy difícil para mí tomar una decisión, por ejemplo cuando terminé el primario y me anoté en el secundario no sabía si elegir rh o medios, sufrí un montón de tiempo la inseguridad de si había elegido bien o mal. Y por varios años dudé en quedarme en rh o pasarme....
La segunda decisión difícil que tuve que hacer fue la carrera y la universidad. Siempre tuve muchísimas dudas sobre que "ser cuando sea grande", nunca supe con certeza que me gustaba o en que era buena.. entonces el año pasado fui descubriéndome a mi misma, descubriendo mis fortalezas y debilidades, en lo que era buena y en lo que era mala, lo que me gustaba y lo que no. Fue un año de búsqueda personal y de conocerme a mi misma.
Hasta que finalmente elegí Administración y la UBA. Es hasta el día de hoy que estoy insegura con la carrera y la universidad pero creo que no está mal que pruebe y vea o analice si me gusta, si es lo que quiero. Creo que no está mal de vez en cuando equivocarse y aprender.
Hoy, finalmente, tuve que decidir sobre ir o no a un viaje de vacaciones con mi papá y mi hermana. Un viaje que, desde un principio, nunca me convenció ni me entusiasmó.
Todos me preguntan lo mismo ¿por qué?. La realidad, es que ni yo se la respuesta ni los motivos.
O en verdad, sí y no se explicarlos, o simplemente no quiero.
Estos últimos meses la relación con mi papá cambió rotundamente conmigo. Hubo peleas, enojos y discusiones. Como siempre, lo usual. Pero hubo una que cambió absolutamente todo y para siempre.
Recuerdo ese 26 de diciembre yo en la habitación de mamá con celes y angui llamándolo porque se había enojado porque no había querido ir para allá porque esa noche de sábado iba a salir a bailar y yo le dije que nos viniera a buscar el domingo, el me respondió que entonces "me coloque los tornillos que me faltaban" a lo que yo reaccioné enojada, esto termino en una discusión- monólogo en la cual desde el teléfono lo único que salían eran gritos, insultos, malas palabras, ODIO básicamente. Hablando conmigo sus palabras hacía mi (que hacia poco habia sido nombrada como mejor estudiante de mi curso y unos de los 6 mejores promedios del colegio) me dice "POR ESO LUCIA, QUE ME VENIS VOS CON QUE SOS LA MEJOR?? VOS.. SOS LA PEOR".
Esas palabras, esa tarde, por el teléfono me destruyeron (no sólo a mi sino a angela que al escucharlas decidió cortar el teléfono) Esas palabras destruyeron todo lo que sentía por pa, todo. Ahí me di cuenta que todos mis esfuerzos porque no se enoje, que todos mis esfuerzos por tratar de que todo se arregle, que todos mis esfuerzos por hacer que todo este bien siempre incluyendo que esté bien pa, fueron en VANO. Que nunca valoro nada de lo que yo hice por él. Todos los findesemanas que yo iba a ezeiza queriéndome quedar en liniers, todos los findesemanas que yo resigne salidas con amigas o simplemente encuentros o estudios o adelantar tareas para ir allá, obedecer sus órdenes cual esclava para que todo esté perfecto, llamarlo hasta cuando no tenía ganas o sabiendo que me iba a tratar mal pero con tal de que no se sienta solo o de que no esté mal, todos mis esfuerzos que quizá nadie notó pero que los hice realmente y algunos me costaron. todo. Absolutamente todo el vano.
Esas palabras fueron un antes y un después para mi. Ese día algo murió. Puede ser una Lucía. Y nació otra. Porque si con todos mis esfuerzos, con todos los "sí" que decía queriendo decir "no", con todas mis intenciones de que todo esté bien, con toda mi preocupación, mil veces lo llamé yo sola solo para que sienta que no estaba solo, que estaba yo, que me tenía a mí. Entonces, si con todo eso soy la peor de todas entonces, ya no vale la pena esforzarme más, ya no vale la pena decir SI cuando en realidad quiero decir NO. Entonces ya no vale la pena ir a ezeiza cuando en realidad quiero estar en liniers. Entonces ya no vale la pena resignar salidas con amigas. Entonces ya no vale la pena irme de vacaciones cuando en realidad no quiero o simplemente no tengo ganas.
Ese día pa, para mi también fue un antes y un después. Desde ahí todo cambió, o quizá yo. Algunos pueden pensar que me "rebelé", otros pueden pensar que soy una tarada por no hacer lo que no quiero y otros pueden estar de acuerdo conmigo.
Hoy por fin pude decir "no". Por fin siento que se respeta algo mio. Siento que, por primera vez, se me respeta. Lo que siento, lo que pienso, lo que quiero. Siento que todos se están dando cuenta que yo no soy la misma de antes que "se dejaba pasar por arriba" que "se dejaba manipular por todos" porque ahora sé decir que no, sé decir que quiero, que siento, y puede ser llorando, perdón pero no me sale de otra manera expresar lo que siento si no es llorando. Voy a tratar de no llorar más cuando digo lo que siento pero a veces es difícil porque son cosas que me traen mucha angustia. No es fácil decirle a mi papá que no me siento bien estando allá o que no quiero ir más, pero en fin. Es como me sale.
Sé, que hoy 25 de febrero también fue un antes y un después para pa. Quizá para angui y también para mí. Como me dijo hoy se abrieron dos caminos diferentes. Uno que va a brasil y otro que se queda en liniers.
Y sé que duele, sé que no me entienden, sé que es complicado entenderme, pero a pesar de que estoy un poco triste por abandonar a pa, por decirle que no, por otro estoy feliz porque porfin hago lo que quiero, porque como me dijo cele en broma hoy por fin salí del caparazón, hoy dije que no.
No sé si estoy haciendo bien, no sé si estoy haciendo mal, no sé si me voy a arrepentir, no sé. No sé nada. Sólo sé que hoy dije y manifesté lo que siento. Que es que no tengo ganas de irme a ningún lado con pa. Hoy no, quizá mañana sí o mañana tampoco. No lo sé.
Hoy por hoy, hay una sola cosa que sé, y es que las cosas van a cambiar después de esto. Luego de este antes y después.
jueves, 25 de febrero de 2016
martes, 26 de enero de 2016
Ese lugar
Estos días en el barrio, después de estar casi un mes sin ir, hicieron darme cuenta que realmente no pertenezco a ese lugar. Y que ese lugar no me pertenece tampoco a mí.
Quizá hubo un tiempo en el que me perteneció, pero ya no más.
Cuando me tocó ir al barrio nuevamente estaba contenta, puesto que necesitaba ir, tomar un "descanso" de la ciudad, del departamento, del encierro. Pensaba que era necesario ir a ese lugar. Hoy me doy cuenta que no. Porque ya no puedo soportar más ese lugar. Porque ese lugar no es para mí.
Es difícil para mi describir como me siento cuando voy de capital a barrio uno. Pero voy a tratar con una comparación; En el océano hay un grupo de peces juntos, nadando, buscando comida, viendo lo que hay en el mar, son felices y viven allí. De pronto, un pescador en un barco toma una red y captura al pez. Lo saca del mar y lo lleva a una pecera, lo aleja de sus amigos, de su familia, de su hogar, de donde vive, y se lo lleva, a un lugar lejos donde también vive pero no es feliz, donde no tiene a nada ni a nadie.
El pez no es feliz en ese lugar, el pez como todos sabemos, solo es feliz en el mar. Libre.
Así tal cual me siento yo cuando voy al barrio, yo soy ese pez que va a la pecera. Y sí, el pescador es mi papá.
Ahora, como me siento en la pecera?. Bueno eso es otra historia.
Imaginemos que en el barrio son todos pájaros y yo sigo siendo un pez. Mi papá y mi hermana son pájaros, y yo, sigo siendo un pez.
Un pez entre pájaros..
Cuando andamos en bicicleta, no me gusta andar rápido y a ellos sí.
Cuando vamos a andar en bicicleta entre los bosques, no me gusta, y a ellos sí.
No me gusta la tranquilidad que hay, y a ellos sí.
No me gusta el campo, y a ellos sí.
No me gusta la soledad, y a ellos sí.
No me gusta desconectarme, y a ellos sí.
No me gusta la naturaleza y a ellos sí.
Y es así que no me siento bien con ellos ni entre ellos. No me siento cómoda ni disfruto de nada.
Porque el pez sabe que es diferente a los pájaros y los pájaros saben que el pez es diferente pero ambos tratan de hacer como si nada pasara. A algunos pájaros parece no importarle esa diferencia, a otros los enoja "Vamos, dale, vos podes!!" "dale!! más rápido" "ya vas a poder"
Hasta el día de ayer intenté pertenecer a ese lugar, intenté integrarme, intenté disfrutar, intenté ver el lado bueno de las cosas, pero. Ese golpe. Ese golpe que me dí. Fue lo que me hizo terminar de dar cuenta que, por más que trate, por más que luche, por más que intente nunca, pero nunca voy a pertenecer a ese lugar. No soy feliz allí, no digo que acá lo sea, pero allá soy infeliz, y acá no. Después me preocuparé por encontrar la felicidad acá. Por lo pronto sé que no voy a luchar por pertenecer más ahí. A ese lugar que tanto rechazo me genera.
El pez vuelve al mar. El pez es feliz en el mar. Y ya no va a disfrazarse de pájaro más. Porque por más camuflaje que tenga el pez, ya se sabe, que no puede volar con los pájaros.
Quizá hubo un tiempo en el que me perteneció, pero ya no más.
Cuando me tocó ir al barrio nuevamente estaba contenta, puesto que necesitaba ir, tomar un "descanso" de la ciudad, del departamento, del encierro. Pensaba que era necesario ir a ese lugar. Hoy me doy cuenta que no. Porque ya no puedo soportar más ese lugar. Porque ese lugar no es para mí.
Es difícil para mi describir como me siento cuando voy de capital a barrio uno. Pero voy a tratar con una comparación; En el océano hay un grupo de peces juntos, nadando, buscando comida, viendo lo que hay en el mar, son felices y viven allí. De pronto, un pescador en un barco toma una red y captura al pez. Lo saca del mar y lo lleva a una pecera, lo aleja de sus amigos, de su familia, de su hogar, de donde vive, y se lo lleva, a un lugar lejos donde también vive pero no es feliz, donde no tiene a nada ni a nadie.
El pez no es feliz en ese lugar, el pez como todos sabemos, solo es feliz en el mar. Libre.
Así tal cual me siento yo cuando voy al barrio, yo soy ese pez que va a la pecera. Y sí, el pescador es mi papá.
Ahora, como me siento en la pecera?. Bueno eso es otra historia.
Imaginemos que en el barrio son todos pájaros y yo sigo siendo un pez. Mi papá y mi hermana son pájaros, y yo, sigo siendo un pez.
Un pez entre pájaros..
Cuando andamos en bicicleta, no me gusta andar rápido y a ellos sí.
Cuando vamos a andar en bicicleta entre los bosques, no me gusta, y a ellos sí.
No me gusta la tranquilidad que hay, y a ellos sí.
No me gusta el campo, y a ellos sí.
No me gusta la soledad, y a ellos sí.
No me gusta desconectarme, y a ellos sí.
No me gusta la naturaleza y a ellos sí.
Y es así que no me siento bien con ellos ni entre ellos. No me siento cómoda ni disfruto de nada.
Porque el pez sabe que es diferente a los pájaros y los pájaros saben que el pez es diferente pero ambos tratan de hacer como si nada pasara. A algunos pájaros parece no importarle esa diferencia, a otros los enoja "Vamos, dale, vos podes!!" "dale!! más rápido" "ya vas a poder"
Hasta el día de ayer intenté pertenecer a ese lugar, intenté integrarme, intenté disfrutar, intenté ver el lado bueno de las cosas, pero. Ese golpe. Ese golpe que me dí. Fue lo que me hizo terminar de dar cuenta que, por más que trate, por más que luche, por más que intente nunca, pero nunca voy a pertenecer a ese lugar. No soy feliz allí, no digo que acá lo sea, pero allá soy infeliz, y acá no. Después me preocuparé por encontrar la felicidad acá. Por lo pronto sé que no voy a luchar por pertenecer más ahí. A ese lugar que tanto rechazo me genera.
El pez vuelve al mar. El pez es feliz en el mar. Y ya no va a disfrazarse de pájaro más. Porque por más camuflaje que tenga el pez, ya se sabe, que no puede volar con los pájaros.
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